Hoy no vamos a entrar en salud y nutrición ya que en las bodas acabamos todos como mirlos, mención especial en este punto a mis queridísimos cuñad@s y en particular en esta ocasión a mi queridísima esposa.

Otro día ya nos extenderemos más sobre los caterings de eventos y las anécdotas que hemos vivido en diversas ocasiones. También sobre sus formas de trabajar ya que hoy en día, con los utensilios que cuentan, es bastante más sencillo preparar un servicio para tantas personas y no como antes que era un verdadero drama.

Es curioso que la elección gastronómica de los novios en la mayoría de casos se realiza muy acertadamente para los gustos de casi todos los invitados, para de este modo no correr el riesgo de contratar servicios raros, bajos en calorías o elaboraciones muy complicadas. Ya hemos mencionado en anteriores publicaciones que podemos tildar de clásicos, pero preferimos dejar ciertos experimentos para expertos en la materia en entornos asegurados y de ese modo evitar una mala experiencia.

Podríamos decir que en esta ocasión el único plato del aperitivo que pudo salir un poco de lugar para una boda fueron una pequeñas cazuelas con Judiones de la Granja, algo que agradecí porque me encantan y también porque entonan el cuerpo en una tarde más bien fresquita como la de esta ocasión.

El evento corrió a cargo del catering Ciboulette y fue muy acertado, constando de los siguientes platos:

-Raviolis rellenos de txangurro con salsa americana, daditos de calabacín y puntas de espárragos trigueros, acompañado de un vino verdejo de rueda

-Solomillo de Buey a la broche con salsa de vino tinto con cebollitas perla glaseadas con azúcar de caña y patatitas doradas a la crema. Marqués de Murrieta reserva

-Cabe hacer mención especial al postre que se trataba de una tarta árabe de obleas fritas con crema inglesa y almendras escarchadas. impresionante. Cava Bonabal brut nature.

El servicio muy acorde para el evento y muy atento en todos los aspectos.

Felicidades a los novios por su buen gusto en la elección tanto del marco donde se celebro la ceremonia (Real colegiata del palacio de la granja de san Ildefonso) como su posterior convite (Palacio de Carlos III) y por supuesto en el menú y catering escogido.

Si en algo sí que se caracterizan todas la bodas y eventos es que el producto estrella en materia gastronómica siempre es el jamón, y nosotros por defecto profesional nos fijamos en él. Siempre es el más recurrido y el que tiene la mejor aceptación. No el vestido de la novia, ni la música, ni siquiera la madrina, si no el jamón !!!!!!

Siempre se agolpan colas extensísimas o corrillos incluso hasta peligrosos alrededor de este manjar. Digo peligrosos porque en más de una ocasión hemos visto o escuchado gente que por querer estar tan encima de su apreciado plato, encontró en el cuchillo del maestro cortador su fatal desenlace, y por supuesto el consecuente jolgorio y recuerdo a perpetuidad.

En una ocasión llegó a nuestros oídos que una de las invitadas reclamó por burofax a la empresa que organizaba el evento su descontento al no obtener como sus amigas su dosis de producto cárnico curado para el aperitivo. el comunicado en cuestión describía con todo lujo de detalles una relación de hechos sin precedentes en el cual dejaba constancia desde el vestido de la novia hasta su “dramático” estado etílico por el cual necesitaba ingerir este alimento en ese momento en particular.

De todos modos, éste no fue el caso, sí que hubo corrillo, pero fue bastante saludable y sin insultos o prisas hacia el maestro cortador.

Tengo que decir que fue una fantástica boda en un marco idílico e incomparable. Esta vez mereció la pena los 1700 km recorridos en dos días para asistir al enlace. Nos encantó sobremanera rencontrarnos con nuestros familiares y amigos, ya que por el COVID la saga de los García no pudo reunirse en reyes como todos los años en las copiosas comidas donde compartimos ese día al año tan entrañable y divertido.

El domingo amaneció ofreciéndonos una preciosa nevada en un marco incomparable, la resaca ya no fue tan agradable y pensar en los 800km que nos quedaban por recorrer para regresar tampoco.